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NOVEDADES

Tenemos el honor de lanzar la primera Diplomatura Universitaria en Condiciones del Espectro del Autismo en la ciudad, junto a la Universidad Abierta Interamericana.

 

Dirigida a: 

Profesionales y estudiantes avanzados de carreras relacionadas con la salud y la educación. Personas que trabajen o tengan relación directa con personas con CEA.

 

Fundamentación:

Las Condiciones del Espectro del Autismo (CEA) son un conjunto de características que afectan al desarrollo típico, principalmente en las áreas de sociocomunicación, conducta y procesamiento sensorial. La condición es extremadamente heterogénea y las manifestaciones clínicas varían enormemente de una persona a otra y de ahí que se acuñe a noción de “espectro”.

Se estima que en la actualidad, 1 de cada 59 personas presenta alguna CEA y, aunque en Argentina no existan datos o censos oficiales, diversos estudios internacionales concluyen en una prevalencia muy similar en todo el mundo. A pesar de la difusión y abordaje científico que viene ganando, aún queda mucho camino por recorrer, sobre todo, teniendo en cuenta que la detección, diagnóstico e intervención temprana son clave para mejorar la calidad de vida de las personas con CEA y sus familias.

Debido al impacto que un diagnóstico tiene sobre la familia, las concepciones sociales negativas que imperan, la falta de conocimiento por parte de los profesionales y educadores y la necesidad de un trabajo colaborativo en el que se puedan sumar esfuerzos, resulta necesario generar espacios de intercambio académico en los que puedan ponerse de manifiesto los avances teórico-prácticos y experiencias personales y profesionales en la temática.

 

Programa:
Módulo I: Fundamentos del Desarrollo humano

Desarrollo: definición e historización. Principales perspectivas teóricas: psicogénesis, contextualismo, sociocognitivismo, socioculturalismo, constructivismo y neuroconstructivismo. Desarrollo cognitivo, físico, comunicativo, psicosocial y emocional. Conducta adaptativa.

Módulo II: Neurodiversidad y configuraciones del neurodesarrollo

Movimiento antipsiquiatría. Neurodiversidad: definición e historización. Desviaciones del desarrollo típico. Diferenciación “enfermedad”, “trastorno”, “condición” y diversas clasificaciones y modelos actuales. Principales cuadros de afección del desarrollo.

Módulo III: Introducción a las CEA

Autismo: concepto, historización, evolución del término y alcances. Etiología y epidemiología.  La noción de espectro y las características comunes. Principales exponentes. Estado del arte y perspectivas futuras.

Módulo IV: Aspectos socio-comunicativos de las CEA

Comunicación, lenguaje y habla.  Componentes del lenguaje: fonología, semántica, gramática y pragmática.  Característcias y alteraciones de la comunicación en CEA. Diferentes formatos comunicacionales: comunicación aumentativa y alternativa.  

Módulo IV: Aspectos conductuales de las CEA

Características conductuales de las personas con CEA: intereses restringidos, comportamientos estereotipados, patrones repetitivos. El espectro conductual. 

Módulo V: Aspectos sensoriales de las CEA

Alteraciones sensoriales en autismo.  Trastorno de la integración sensorial: historia, definición, implicancias. Perfiles de procesamiento sensorial.

Módulo VI: Aspectos biológicos de las CEA

Bases neurobiológicas de las CEA. Comorbilidades. CEA en síndromes genéticos. Corteza prefrontal e implicancias en la disfunción ejecutiva. Tratamientos farmacológicos. Epilepsia y autismo.

Módulo VII: Principales corrientes terapéuticas en autismo

Historización y evolución de las corrientes terapéuticas en autismo. Pespectiva actual: prácticas basadas en la evidencia. Modelos comprehensivos. Principales escuelas terapéuticas: intervenciones conductuales, intervenciones naturalistas, entrenamiento a padres, modelo TEACCH, Denver Model, CAA, habilidades sociales.  

Módulo VIII: Autismo e inclusión educativa

Inclusión educativa: definición, historización, alcances y marco legal. Integración vs. inclusión vs. convivencia. Rol del docente del aula y rol del docente integrador. Articulación entre familia, escuela y equipo terapéutico. Características del aprendizaje en CEA. Adaptaciones curriculares. Dispositivos pedagógicos para la inclusión.

Módulo IX: Autismo y calidad de vida

El modelo de Calidad de Vida: definición, historización y componentes: bienestar físico, bienestar material, bienestar social, desarrollo y bienestar emocional. Implicancias y alteraciones de la calidad de vida en CEA. Autismo y familia. 

Módulo X: Autismo y sexualidad     

Sufiencia personal, trabajo y familia. Autovalimiento y niveles de apoyos. Dimensiones de las Sexualidades. La Educación Sexual como un Valor. Sexualidades, Género y Diversidad.         

Taller de Trabajo Final

Aspectos formales del trabajo final: componentes, estilo de redacción y temas. Supervisión de trabajos.

 

Cronograma:

Del 8 de junio al 14 de diciembre. Segundos sábados de cada mes de 8:00 a 17:00 hs. en Localización Roca (Av. Pellegrini 1618)

 

Para más información e inscripciones, contactarse con Extensión Universitaria UAI:

Tel: 0341 - 4408010 ó 4728400

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Los Beneficios del Autismo

Miércoles, 04 Julio 2018

Los beneficios del autismo

 

El título del artículo posiblemente confunda a más de una persona. Hay mucha gente que aún piensa que autismo es sinónimo de tragedia y que no existe nada positivo en esta condición, y, en cierta forma, tienen razón: el autismo no es algo bueno. Claro que tampoco es algo malo; simplemente es…

Para que se comprenda mejor mi argumento, permítanme preguntar, según vuestra afición:

  • A los seriéfilos: ¿cuál es la serie más entretenida de todos los tiempos?
  • A quienes hagan actividades de jardinería: ¿cuál es la planta más bella?
  • A los aficionados por los automóviles: ¿cuál es el mejor vehículo de la historia?

Las respuestas a estas preguntas seguramente serán de lo más diversas y variadas de acuerdo al criterio que se utilice. Si vuestra predilección son las series de acción o aventuras, posiblemente respondan “Breaking bad” o “Juego de Tronos”, pero si aman la ciencia ficción, la respuesta quizás incluya “Star Trek” o “Lost”. Quienes privilegien las flores, bien podrían responder a la segunda pregunta, “jazmines” u “orquídeas”, mientras que otros, pensando en plantas de hojas, quizás respondan “helecho” o “hiedra”. Por su parte, los fanáticos de los autos podrán responder por autos de alta gama, como Ferraris o Lamborghinis, o bien por clásicos como el Ford Maverick o el Renault Torino.

¿Y entonces? Bueno, creo que todos tendrían razón… Primero, porque no existen verdades universales -y menos, tratándose de impresiones tan subjetivas- y, segundo, porque es el criterio utilizado lo que marca las diferencias.

Incluso teniendo en mente el mismo criterio, las respuestas dependerán de creencias, opiniones y juicios personales. Podríamos llegar a exponer nuestros argumentos y acordar o discutir con los demás sobre los suyos, e incluso si todos coincidiéramos, no sería una “verdad absoluta” sino un consenso.

El problema mayor se da cuando el consenso es tan amplio y compartido por tanta gente que nos lleva a pensar que estamos equivocados sólo por pensar diferente. Es cierto que sin consensos muchas cosas serían extremadamente complejas: si no nos pusiéramos de acuerdo en nada, el mundo sería un caos y de ahí que existan leyes, normas, pautas y paradigmas que nos ayudan a vivir en sociedad. Sucede que, a veces, los paradigmas se hacen tan rígidos que, en ocasiones, dejan de cumplir con el propósito de ayudarnos.

Hace casi dos mil años, un filósofo griego llamado Epicteto expresó una idea tan sencilla -y tan compleja a la vez- que permitió que hasta se desarrollaran escuelas psicológicas enteras: sostuvo que no son los hechos los que nos perturban, sino las opiniones que tenemos de esos hechos.

A casi nadie le perturbaría pensar que Los Simpson son la mejor caricatura, o que las azucenas son las flores más bellas, o que el mejor auto es un Jaguar. Pero cuando dejamos el terreno de las opiniones personales para pasar al campo de las concepciones compartidas, la cosa cambia.

Si asumimos que los hechos no son buenos ni malos, estaremos un paso adelante del problema. Esto no significa que el problema esté resuelto -es más, quizás, ni siquiera tenga solución- pero al menos, podremos detenernos a pensar en las opiniones que ese problema nos genera.

Volvamos entonces al autismo. Si el autismo, en sí mismo, no es bueno ni malo, ¿por qué a veces nos causa tanto dolor? Algunas personas sufren por el hecho de que su hijo no es lo que habían soñado y, además, es muy diferente a los demás niños: no habla; en lugar de jugar con los autitos, sólo les hace girar una rueda; no mira la película entera sino sólo treinta segundos una y otra vez; se fanatiza con determinados temas, etc., etc., etc. Otras personas sufren por el juicio que hacen los demás, como cuando en el almacén, una mamá escucha los comentarios imprudentes de quienes no tienen idea de que a su pequeño le encantan las cosas verdes y vio un tarro lleno de aceitunas que le provocó una intensa alegría en forma de gritos y carcajadas. Muchas otras personas sufren pensando en qué será de su hijo cuando ya no puedan cuidarlos, o en cómo hacer para revertir el autismo, o en cómo ganar más dinero para poder pagar el último tratamiento milagroso que “cura” el autismo.  

Me pregunto si todo el sufrimiento que trae el autismo es necesario. Cuando aparecen las dificultades, ¿cuántas son realmente preocupantes y cuántas nos afectan sólo por lo que de ellas pensamos, proyectamos o tememos? Y en caso de que sean en verdad preocupantes, ¿podemos hacer algo por superarlas? Si la respuesta es sí: ¡adelante! No hay nada de qué preocuparse, ocupémonos. Si la respuesta es no: entonces no hay camino posible, ¿para qué preocuparse?

A lo largo de tantos años de trabajo, he tenido la dicha de compartir junto a bellísimas familias que me han enseñado muchísimo. Creo, de hecho, que el autismo me dejó mucho más que conocimiento técnico: me enseñó a ser mejor persona, a ver el mundo con otros ojos, a priorizar los desafíos importantes y a no hacerme mala sangre por situaciones que no lo merecen. Y eso es lo que trato de contagiar a todos los que tienen que enfrentarse al autismo, ya sean profesionales que deciden trabajar en este maravilloso mundo, o familias que acaban de recibir un diagnóstico o hace tiempo tuvieron que familiarizarse con él.

El autismo tiene beneficios que sólo quienes se han animado a cambiar sus prejuicios han podido experimentar. Pienso en las lágrimas de Carina cuando Jonás, por primera vez a los ocho años, y después de decenas de intentos, dijo “cantar” para que su canción favorita continuara. Pienso en el éxtasis de Julio y María cuando vieron a Tomy y a Valen caminar de la mano en el parque tan sonrientes. Pienso en la cara iluminada de Gabriela al escuchar a Bauti nombrar a todos sus terapeutas en la fiesta de fin de año. Pienso en Yanina, rebasada de orgullo y felicidad la primera vez que Fabri pudo copiar una oración del pizarrón…

Desde luego, los padres de un niño con desarrollo típico se ponen muy felices al verlo crecer y conseguir nuevas habilidades, pero dudo que festejen -como si de una hazaña épica se tratara- que un compañerito lo invitó al cumpleaños y pudo disfrutar de las dos horas que duró la fiesta. Eso también es el autismo.  

Y por favor no me malinterpreten. El autismo genera desafíos reales, nos hace pasar momentos difíciles y situaciones que escapan de nuestro control, pero está en nosotros discernir cuáles pensamientos dejamos pasar, cuáles sólo nos perturban y cuáles nos pueden ayudar a vivir más felices.

Ni bueno, ni malo. Ni feliz, ni triste. Ni alucinante, ni trágico. El autismo, simplemente es… el resto queda en cada uno.

 

Ramiro Mitre

Profesor y licenciado en Psicología, director de Cultura de la NeuroDiversidad, docente universitario y apasionado del autismo.

www.facebook.com/RamiroCND
www.facebook.com/CNDRosario

 Fuente: https://autismodiario.org/2018/07/03/los-beneficios-del-autismo/

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Compartimos una propuesta de capacitación para este 2018.

Quienes quieran conocer el programa completo del curso con contenidos y objetivos pueden hacerlo a través del siguiente enlace: http://bit.do/CNDCurso 

 

Más informes e inscripciones:

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Modelos Comprensivos y Comprehensivos del Autismo

“Autismo”, “Trastorno Generalizado del Desarrollo”, “Síndrome de Asperger”, “Autismo de Alto Funcionamiento”, “Autismo de Núcleo”, “TGD No Especificado”, “Autismo tipo Kanner”, “Autismo tipo Asperger”, “Autismo Clásico”, “Síndrome Autista”, “Autismo Infantil”,… Estas son algunas de las denominaciones que ha recibido a lo largo del tiempo una categoría que hoy, en los manuales diagnósticos y estadísticos, se engloba bajo el nombre de “Trastorno del Espectro del Autismo” (TEA). A pesar de la alta prevalencia (se estima que hay una persona en el espectro por cada ciento cincuenta) y el interés que suele despertar el tema en la sociedad, sigue habiendo aún muchos mitos, mucho desconocimiento y, sobre todo, mucho miedo.

Todos los seres humanos somos distintos y el autismo, lógicamente, no plantea ninguna excepción. Aun así, hay características comunes en todas las personas con este diagnóstico y se trata de dos grandes áreas del desarrollo que se manifiestan de modo diferente: las habilidades socio-comunicativas y aspectos relacionados con patrones repetitivos, restringidos y/o estereotipados de conductas, actividades e intereses.

Lo que sucede es que la presentación de esas características varían mucho de una persona a otra y las particularidades se manifiestan de diversas maneras en cada área. A nivel comunicativo, podemos encontrar un rango que va desde la falta de lenguaje verbal a personas que hablan muchísimo, pasando por aquellos que solo cuentan con palabras sueltas; quienes hablan, pero solamente repitiendo frases de películas o canciones, y quienes lo hacen en un tono neutro, casi robótico y sin gestos o expresiones que acompañen lo verbal.

En la esfera social, el espectro va de quienes se encuentran más aislados a quienes buscan continuamente el contacto con otros, pero con dificultades en la reciprocidad o sin comprender algunas reglas básicas de los intercambios, como dar lugar al otro para que también participe de la conversación o evitar hacer comentarios inapropiados o tener en cuenta los pensamientos, sentimientos y opiniones del interlocutor.

A nivel conductual, los intereses y actividades son tan variados como cada persona y van desde movimientos corporales estereotipados –aleteos, saltitos, balanceos con el cuerpo, etc.- hasta fascinación por determinados temas (como los dinosaurios o la segunda guerra mundial), pasando por mucha ansiedad o fuertes berrinches frente a los cambios.

 Estas son solamente algunas de las posibles configuraciones que pueden aparecer en el autismo. Por un lado, deja claro por qué se habla de un espectro tan amplio y, por otro, también queda claro por qué es tan complejo comprender de qué se trata para quien no conoce demasiado al respecto.

¿Patología o Condición? 

 Habitualmente, la palabra “autismo” tiene una connotación poco feliz, se asocia a síntomas limitantes y a una noción negativa de la discapacidad. Es cierto que muchas veces las características impiden o limitan el funcionamiento diario –de hecho, esto es un criterio para realizar el diagnóstico, pero para muchas personas, por el contrario, no necesariamente implica sufrimiento.

Están quienes prefieren hablar de las habilidades sorprendentes que pueden tener las personas con autismo (como el procesamiento visual, la memoria, las matemáticas o la música), quienes destacan algunos “síntomas” como rasgos positivos (por ejemplo, el pensamiento literal, que hace que rara vez mientan o anden con rodeos para decir algo; o los intereses restringidos que llevan a que sean verdaderos expertos/genios en determinados temas), y quienes prefieren hablar de una “cultura del autismo”, más que de un trastorno o una patología.

Quienes sostienen esta postura, defienden la idea de que tener una manera diferente de pensar ha llevado a grandes descubrimientos y avances tecnológicos, científicos y artísticos (basta con mencionar a Einstein, Nikola Tesla, Temple Grandin, Beethoven o Mozart, quienes fueron personajes brillantes en sus campos y de comportamiento también excepcional) y que, a pesar de las limitaciones que puede tener una persona con autismo, es necesario repensar el tipo de educación y ayuda que se debe brindar para que alcancen todo el potencial con el que cuentan.

Hoy en día, se sabe mucho más que hace unos años, los adelantos en investigaciones llevan a intervenciones más eficaces y a entender mucho más al respecto para que la calidad de vida de las personas con autismo y sus familias no se vea afectada. Y es en la manera de concebir al autismo donde aparece un debate muy jugoso: ¿se trata de un trastorno mental o de una forma diferente de ver el mundo? Obviamente, hay defensores y detractores de ambas posturas, pero, independientemente de lo que cada uno considere, los paradigmas mentales -y las creencias que de ellos se desprenden- marcan las decisiones que tomamos y la manera en que nos manejamos.

Se puede pensar que el déficit está en la persona que “no puede” adaptarse al medio, o se puede pensar que las trabas las impone la sociedad al no tener en cuenta el modo de procesamiento de la información que hace una persona con autismo.

Pero antes de discutir el modo en que se concibe al autismo, es importante que se conciba. Saber cuáles son nuestros paradigmas nos va a permitir elegir el tipo de ayuda que consideremos más efectiva, optar por determinados marcos terapéuticos y orientar mejor nuestro accionar.

Todo tratamiento tiene una concepción del autismo porque está creado por personas que tienen creencias, paradigmas y opiniones acerca de las condiciones con las que trabajan. Este sería el aspecto “comprensivo” del modelo, apuntando, justamente, al modo en que se comprende el autismo.

 En este sentido, si se comprende como una patología, el tratamiento se orientará a compensar los déficits de la persona, mientras que, si se comprende a las dificultades como el resultado de un medio que no brinda igualdad de oportunidades, el accionar, seguramente, se dirigirá más hacia aspectos comunitarios.

Tratamientos Posibles

 Sea cual sea la condición dentro del espectro, las personas con autismo suelen requerir de algún tipo de ayuda para desempeñarse en su vida diaria y existen, literalmente, miles de tratamientos para abordar dichas condiciones.

Como las áreas del desarrollo que se encuentran comprometidas son varias, la oferta terapéutica está a la orden del día y las posibilidades son múltiples: prestaciones de apoyo individuales (psicología, terapia ocupacional, fonoaudiología, etc.), tratamientos específicos (como ABA, TEACCH, PRT, etc.), terapias alternativas de dudosa eficacia (delfinoterapia, electroestimulación, etc.), “curas” milagrosas (medicaciones, recetas naturales, etc.) y la lista podría llenar muchas páginas…

 Desde la perspectiva de alguien que no conoce demasiado sobre el tema (digamos, unos papás que acaban de recibir el diagnóstico), de por sí cuesta comprender en profundidad la definición y los alcances del autismo. Pero, además, se suma la tarea de encontrar la mejor ayuda posible, lo cual hace que la labor no sea nada sencilla (y especialmente cuando lo que está en juego es nada más y nada menos que lo más preciado que tienen: su hijo/a).

 Para empezar, el autismo no es una enfermedad, lo que significa que no tiene cura, por lo tanto, si alguien asegura haber curado algún caso, o intenta vender una solución de este tipo, cuanto menos, hay que desconfiar.

Los medios que se utilizan para ayudar a las personas se denominan tratamientos o terapias y, como se dijo anteriormente, pueden ser de lo más variado según el modelo teórico que utilicen o los procedimientos que empleen. Entonces, ¿cómo elegir? La respuesta no es sencilla y, mucho menos, inequívoca. Son los padres quienes deben estar al timón del tratamiento e interiorizarse para poder elegir y, a pesar de la gran cantidad de posibilidades, algunas pautas pueden aclarar el panorama.

Prácticas basadas en la evidencia

El hecho de que alguien diga que su tratamiento es exitoso no significa que lo sea.

Generalmente, estas personas se apoyan en su experiencia, en resultados subjetivos u opiniones. Pero para que un tratamiento sea considerado de calidad, tiene que reunir algunas características: debe haber investigaciones que avalen la eficacia, con evidencia comprobable que soporte esa efectividad. Esto es lo que se denomina “prácticas basadas en la evidencia”, es un concepto que surgió en el año 1992 en el campo de la medicina y se fue extendiendo hacia otras disciplinas (Sackett, Rosenberg, Gray, Haynes & Richardson, 1996).

 Básicamente, son procedimientos o programas cuidadosamente diseñados, que se ponen a prueba para evaluar sus resultados. Las investigaciones cumplen un papel muy relevante ya que permiten determinar si los métodos utilizados realmente producen cambios positivos. Para ello, se realizan estudios estrictamente controlados, con metodologías específicas y que, para ser publicados, primero deben ser revisados y aceptados por comités científicos compuestos por pares evaluadores expertos en la temática y en metodología de investigación (Koegel, Koegel & Brookman, 2003).

Para que un tratamiento sea considerado válido, debe haber un número importante de estudios realizados por diferentes investigadores, con resultados significativos en distintos ambientes y con diversos participantes (Webster, Cumming, & Rowland, 2017).

 Existen infinidad de estudios que se han realizado para testear la eficacia de muchos modelos de abordaje del autismo, pero son muy pocos los que han conseguido resultados contundentes. En los Estados Unidos, funciona el Centro Nacional del Autismo (NAC), una organización sin fines de lucro cuya misión es la de difundir información acerca de las condiciones del espectro del autismo y las prácticas basadas en la evidencia, que cuenta con un proyecto denominado “Estándares Nacionales”. Desde 2009 y bajo la dirección de un Consejo Asesor conformado por prestigiosos investigadores expertos en el área, examinan y cuantifican los estudios relacionados con intervenciones en autismo. Al día de hoy, son catorce las intervenciones para niños, adolescentes y jóvenes adultos que figuran en el reporte de este proyecto:

  1. Intervenciones Conductuales (ABA)
  2. Paquete de Intervención Cognitivo-Conductual
  3. Tratamiento comprehensivo-Conductual para Niños Pequeños
  4. Entrenamiento en lenguaje (producción)
  5. Modelado
  6. Estrategias de Enseñanza Natural
  7. Entrenamiento a Padres
  8. Paquete de Entrenamiento a Pares
  9. Entrenamiento en Respuestas Pivotales (PRT)
  10. Agendas (TEACCH)
  11. Guionado (scripting)
  12. Autocuidado (self-management)
  13. Paquete de Habilidades Sociales
  14. Intervenciones Basadas en Historias Sociales

(Wilczynski & Christian, 2008)

Modelos Comprehensivos

Que un modelo tenga evidencia y sea efectivo no significa que cualquier persona puede beneficiarse de él. De hecho, hay intervenciones que apuntan más a personas con lenguaje verbal, otras que son más efectivas para edades tempranas y otras que se dirigen sólo a áreas específicas (como las habilidades sociales o el manejo de conductas).

En la actualidad hay una tendencia creciente a utilizar modelos más amplios y no poner al niño bajo determinado tratamiento, sino buscar las herramientas de diferentes modelos que puedan beneficiar al niño; algo así como “armar un traje a medida”.

Los modelos de tratamientos comprehensivos consisten en una serie de prácticas organizadas alrededor de un marco conceptual diseñado para que la persona pueda alcanzar un aprendizaje amplio y con gran impacto en las dificultades de desarrollo que se le presentan. Están caracterizados por la operacionalización (los procedimientos se describen en manuales para que puedan ser replicados con rigor), la intensidad (un número significativo de horas por semana), la longevidad (generalmente, duran algunos años), y la amplitud de resultados (en tanto los objetivos apuntan a varias áreas del desarrollo) (Romanczyk & McEachin, 2016).

Conclusión

 Utilizar un modelo comprehensivo no significa hacer una mezcla de teorías o aplicar técnicas al azar, incluso cuando la técnica tenga evidencia. Para que el tratamiento sea efectivo, debemos tener un rumbo, y el abordaje debe basarse en un marco conceptual y teórico; de ahí la importancia de que además de comprehensivo (en cuanto a lo terapéutico), el modelo sea comprensivo (del autismo en sí mismo).

 El énfasis debe estar puesto en los objetivos planteados y esto dependerá de cómo se conciba al autismo. La selección de herramientas a utilizar dependerá de varios factores: fundamentalmente, de los objetivos que se plantearon, de las características individuales de la persona y de la formación que tenga el terapeuta. Además, deben poder medirse para asegurar que se están logrando avances o hacer las modificaciones pertinentes.

Independientemente de la concepción que se tenga, un buen conocimiento acerca del autismo en general y de la persona con autismo en particular, permitirá planificar cuidadosamente el tratamiento, diseñar objetivos acordes a la realidad del paciente y su familia y, sobre todo, brindar oportunidades para mejorar la calidad de vida. Ya sea que la concepción del autismo implique pensarlo como patología, como condición, o como genialidad, es muy importante seguir hablando del tema e informar al respecto; es la única manera de romper con la ignorancia, terminar con los prejuicios y acabar con el miedo… Porque las personas con autismo y sus familiares pueden (y deberían) ser felices.

 

ACERCA DEL AUTOR:

Prof. Lic. Ramiro Mitre

Director Terapéutico CND Rosario

Montevideo 3630, Rosario, Santa Fe, Argentina

www.cndrosario.com Fuente: https://autismodiario.org/2018/04/01/modelos-comprensivos-y-comprehensivos-del-autismo/

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Grupo de Estudio A Distancia

Martes, 13 Marzo 2018
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