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Trastorno por Déficit de Atención

El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) es el trastorno neurobiológico más frecuente en la infancia. Se estima que lo padece el 5% de la población infanto-juvenil y los síntomas provocan en el niño las siguientes conductas:

  • Hiperactividad: un nivel superior e inapropiado de actividad dada su edad.
  • Impulsividad: dificultad para controlar las conductas, emociones y pensamientos.
  • Inatención: grandes desafíos para prestar atención y concentrarse.

Estos síntomas no siempre están presentes de modo conjunto; de hecho, existen distintos subtipos de TDAH, según los síntomas predominantes: hiperactivo-impulsivo, inatento o combinado.

El origen del TDAH aún no se conoce; sin embargo, los científicos sugieren que este trastorno podría surgir como consecuencia de diversos factores biológicos (en muchas ocasiones, de origen genético) y psicosociales.

 Trastorno por Déficit de Atención

Las manifestaciones del TDAH suelen provocar problemas familiares, sociales y académicos, que pueden dar lugar a una serie de trastornos asociados (Trastorno Negativista Desafiante, Trastorno de Conducta o síntomas depresivos, entre otros).

Estos conflictos pueden aparecer de forma conjunta cuando ha pasado mucho tiempo sin haber tratado el TDAH correctamente, pero muchas veces surgen por otras razones y son confundidos con este cuadro.  

Los síntomas del TDAH se manifiestan antes de los 7 años y en al menos dos ambientes de la vida del niño (casa, colegio, club, etc.). A lo largo del desarrollo, las características pueden cambiar o disminuir, por lo que resulta fundamental que el diagnóstico lo realicen profesionales capacitados en el tema a través de entrevistas con los padres y el niño, análisis de la información de los docentes, exámenes físicos y pruebas complementarias para descartar otros problemas.

Una vez que se arriba al diagnóstico, se realiza un plan de tratamiento que debe adaptarse a las características individuales del niño y a agentes externos como el entorno familiar y social. En este sentido, el tratamiento multimodal es el que ofrece mejores resultados y supone coordinar simultáneamente tratamientos de tipo psicológico, psicopedagógico y/o farmacológico.

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